FMI y BM en busca de reformas y una nueva legitimidad

Problemas financieros y de legitimidad: el Banco Mundial y el FMI, que terminan este sábado su asamblea conjunta en Washington, enfrentan grandes desafíos a un año de su 70 aniversario

Con el mundo financiero atento a la crisis fiscal en EEUU, el FMI pudo realizar su encuentro sin ocuparse de debatir los duros efectos de la austeridad que pregona para superar la crisis en la zona euro.

Sí tuvo que ocuparse, en cambio, de la espinosa cuestión de la representatividad en su seno: desde hace varios años, los países emergentes reclaman aumentar sus derechos a voto en la institución, que no reflejan los equilibrios económicos mundiales.

"Debemos ser más representativos y reflejar los cambios" en la economía mundial, dijo el viernes la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde.

Sin embargo, nadie en el FMI tiene la posibilidad de torcer el brazo del mayor accionista del organismo, EEUU, que bloquea desde hace tres años la reforma de cuotas en la institución aprobada en noviembre de 2010.

Un "miembro importante", dijo Lagarde, obstaculiza el proceso.

"Esto plantea un verdadero problema de credibilidad, y muestra que la institución es obsoleta", dijo a la AFP Jacob Funk Kirkegaard, investigador del Peterson Institute de Washington.

Los grandes países emergentes del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) anunciaron la creación de su propio mecanismo de fondo monetario que debería estar listo en 2014, según el Banco Central brasileño.

"China e India no pueden aceptar tener una voz tan débil. Es también cuestión de supervivencia para el FMI", añadió Nicolas Mombrial, responsable de la ONG Oxfam en Washington.

A pesar de las críticas, el FMI sigue siendo un organismo clave en la economía mundial: asociado a cuatro planes de salvataje en la zona euro, sigue siendo el guardián de la ortodoxia fiscal.

Reducción de efectivos

Dedicado principalmente a la ayuda al desarrollo, el Banco Mundial (BM) tiene desafíos más urgentes y sensibles.

Cuando llegó a la cabeza de la institución en julio de 2012, Jim Yong Kim, escogido por el presidente Barack Obama para presidir este organismo, anunció que su gestión se enfocaría en la lucha contra la extrema pobreza y alienta una amplia reorganización de la entidad financiera para luchar "contra la burocracia" y la "cultura del temor" de sus equipos.

"Una institución dedicada al desarrollo no puede ser operativa cuando sus clientes se ven desorientados" por su organización, añadió.

Kim anunció un plan de ahorros por 400 millones de dólares para llevar los costos operativos anuales a 4.600 millones de dólares en tres años.

Los ahorros deberían centrarse en los costos de viaje y el rubro inmobiliario, pero los 10.000 empleados del BM en el mundo también sufrirán las consecuencias. "Habrá reducción de efectivos", advirtió Kim.

El BM enfrenta además la competencia de nuevos actores en el sector del financiamiento al desarrollo, tanto del sector privado, como de fundaciones, o de países como China. Y en los próximos meses debe convencer a sus Estados miembro de aportar dinero para su sector dedicado a los países pobres (IDA).

"Los principales países donantes quieren que su dinero dé más resultados", aseguró Kierkegaard.

Algunos ministros reunidos durante la Asamblea anual del FMI y el Banco Mundial, el 12 de octubre de 2013 en Washington.

El director del Banco Central de México, Agustín Carstens, (I) sonríe juento con la directora del FMI, Christine Lagarde (D, durante el encuentro entre ministros de Finanzas y Directores de Bancos del G-20 en Washington, el 11 de cotubre de 2013.

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