El Gobierno de EEUU, ante una paralización inminente

WASHINGTON (Reuters) - A pesar de que el plazo límite para evitar una paralización del Gobierno federal de Estados Unidos se echa encima, la actividad en el Congreso el domingo fue casi nula mientras republicanos y demócratas esperaban que el otro lado diera el primer paso para romper el estancamiento sobre financiación.

El Senado, controlado por los demócratas, ha prometido eliminar una medida aprobada de madrugada del domingo por la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, que vinculaba la financiación gubernamental con un aplazamiento de un año de la ley de reforma sanitaria del presidente Barack Obama.

En una señal de que los congresistas lo consideran inevitable, la Cámara aprobó por unanimidad una ley que asegurará de que los soldados serán pagados en cualquier caso.

Si antes de la medianoche del lunes no se aprueba una ley para el nuevo año fiscal, las agencias y programas públicos considerados no esenciales comenzarán a cerrar sus puertas por primera vez en 17 años.

La partida política de alto riesgo se reanudará el lunes cuando el Senado se reúna a las 2 p.m. (18:00 GMT), y los demócratas intentarán retirar las dos enmiendas republicanas del proyecto de ley de la Cámara de Representantes.

Una de ellas pretendía aplazar la ley de reforma sanitaria denominada "Obamacare" y otra que pretende anular un impuesto sobre dispositivos médicos que generaría cerca de 30.000 millones de dólares en 10 años para ayudar a financiarla.

Luego enviarían la ley con una simple extensión del gasto gubernamental de vuelta a la Cámara, poniendo la patata caliente en manos del presidente republicano de la Cámara, John Boehner.

"Mañana el Senado hará exactamente lo que dijimos que haríamos y rechazaremos estas medidas", dijo Adam Jentleson, portavoz del líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid.

"En ese momento, los republicanos afrontarán la misma opción que siempre han tenido: plantear la ley de financiación limpia del Senado y permitir que se aprobada con votos de los dos partidos o forzar un cierre republicano del Gobierno".

El proyecto de ley de financiación "limpia" conocido como resolución de continuidad, aprobado por el Senado el viernes, mantendría al Gobierno financiado hasta el 15 de noviembre.

El debate tiene un trasfondo mucho mayor: una ley de largo alcance que aumente la capacidad del Gobierno federal para endeudarse. Si no se logra elevar el techo de deuda de 16,7 billones de dólares para mediados de octubre, el Gobierno de Estados Unidos podría verse forzado a incumplir el pago de algunas de sus obligaciones, lo que sacudiría su economía y afectaría en todo el mundo.

Y sin embargo, ninguno de los dos bandos quiere ser el que haga la votación final que suponga el cierre. Los sondeos muestran que el público está cansado de duelos políticos y se opone a una paralización del Gobierno.

AMENAZA DE VETO

Obama ha amenazado con vetar cualquier proyecto de ley que aplace o retrase su programa de reforma sanitaria.

La disputa por la financiación es la culminación de más de tres años de esfuerzos fracasados de los conservadores por rechazar el programa "Obamacare", destinado a ampliar el seguro médico a millones de personas que no tienen cobertura.

Los republicanos argumentan que el plan, cuyo lanzamiento está previsto para el 1 de octubre, es una enorme e innecesaria intromisión gubernamental en la medicina que hará que las primas se disparen y se dañe a la economía.

Y si la batalla por Obamacare se extiende hasta el límite de mediados de octubre para elevar el techo de la deuda, las acciones estadounidenses podrían ser castigadas.

Cuando el estancamiento presagió una suspensión de pagos en 2011, el Dow Jones cayó cerca de 2.100 puntos desde el 21 de julio al 9 de agosto y el mercado necesitó dos meses para recuperarse.

Si se paraliza el Gobierno, los gastos para funciones consideradas esenciales, relacionadas a seguridad nacional o el orden pública, continuarán, junto con programas de beneficios, como la cobertura médica Medicare y a los jubilados.

/Por Richard Cowan y David Lawder/

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