La china Xiaomi sale a conquistar el mundo

El despacho de Lin Bin es pequeño, austero y está lleno de peluches. Se podría decir que es impropio del presidente de una gran corporación china que se ha propuesto vender 20 millones de teléfonos móviles este año y que ha ingresado 1650 millones de euros en el primer semestre. Su trato también sorprende: es cercano, bromea cuando posa frente a la cámara y no tiene inconveniente en triplicar la duración concertada para la entrevista. Pero es que la suya no es una empresa cualquiera. Aunque muchos se empeñen en denominarla 'la Apple de China', Xiaomi es diferente . "Nosotros queremos que la tecnología sea accesible para todo el mundo", sentencia Lin.

Y basta un viaje en cualquier línea de metro del gigante asiático para convencerse de que lo están consiguiendo. Hace solo un par de años, los dedos de los chinos acariciaban con orgullo las pantallas de los grandes productores internacionales de teléfonos inteligentes. Quienes no podían hacerse con un terminal de compañías extranjeras se avergonzaban de sus productos chinos, generalmente de mala calidad, diseño abominable y peor servicio posventa. Hoy, sin embargo, la situación ha cambiado. Y Xiaomi, una empresa con menos de cuatro años de vida que solo hace dos sacó al mercado su primer aparato y que únicamente vende por Internet, se está adueñando de los vagones.

No en vano, en los primeros seis meses de este año vendió tantos teléfonos como en todo 2012 -7,08 millones-, se hizo con el 5% del mercado más goloso del planeta -Apple se quedó con el 4,8%- y consiguió convertir a su buque insignia -el Xiaomi 2S- en el móvil más popular del país, por delante del Galaxy 4 de Samsung y del iPhone 5 de Apple, según los datos de la consultora especializada en pruebas de laboratorio Antutu. Sin duda, en este éxito tiene mucho que ver el precio: el Mi2S, con una memoria interna de 32 GB, un procesador Qualcomm Snapdragon 800 a 1,7 GHz y componentes propios de la gama más alta de productos, se vende a 1799 yuanes (225 euros), menos de la mitad de lo que cuestan sus competidores extranjeros.

Y ese es todavía un gran desembolso si se tiene en cuenta lo que cuesta el último producto que ha sacado al mercado la empresa. El Hongmi -arroz rojo- se vende a 799 yuanes (100 euros), una cantidad que lo convierte en uno de los smartphones más baratos del mercado a pesar de contar con una pantalla HD de 4,7 pulgadas y un procesador de cuatro núcleos a 1,5 GHz. Tal es el interés que ha despertado que Xiaomi es incapaz de responder a la gigantesca demanda con la que se ha encontrado.

De hecho, a mediados de este mes la lista de espera se había disparado hasta los 3,5 millones, y los primeros 100.000 aparatos que se pusieron a la venta se agotaron en 90 segundos. Ante la falta de terminales, en Internet hay gente dispuesta a comprar el Hongmi por el doble de su precio, algo que solo se veía hasta ahora con las marcas más nobles. "Sentimos mucho que nuestros clientes tengan que esperar tanto tiempo, pero es que la demanda multiplica por 10 nuestras expectativas", se disculpó el consejero delegado de la marca, Lei Jun, durante la presentación del último Xiaomi, el Mi3, el 5 de septiembre en Pekín.

Un primer vistazo al Mi3, por Gizchina.es:

Pero no parece que el déficit productivo vaya a solucionarse pronto, porque el nuevo terminal, equipado con el procesador más rápido del mundo -un Qualcomm a 2,3 GHz-, se venderá a 1999 yuanes (250 euros). Las reservas se cuentan ya por millones, y diferentes analistas chinos consideran que si la empresa no vende más de 20 millones este año será precisamente porque las fábricas no dan abasto. Y los usuarios van camino de convertirse en fanáticos como los de Apple, muestra de que uno de los logros de la marca ha sido crear, con la ayuda de una mascota que es un samurái tocado con un gorro de aviador chino, una imagen fresca, juvenil e innovadora. Opuesta a la del resto de adustos fabricantes chinos. Así, no es de extrañar que Xiaomi esté ya valorada en 10.000 millones de dólares, más de lo que Microsoft ha pagado por hacerse con el negocio de móviles de Nokia .

Pero ¿será capaz Xiaomi de gestionar su propio éxito? Sus detractores creen que no. Dicen en la competencia que su ritmo de expansión es excesivamente rápido, que es imposible hacer negocio con esos precios -Lin Bin reconoce que apenas ganan con la venta de los aparatos- y que el servicio posventa se resiente. Además, ahora Xiaomi ha entrado como un elefante en una cacharrería en el negocio de televisores con Xiaomi TV, una pantalla 3D de 47 pulgadas que se venderá en octubre por 2999 yuanes (375 euros). Y todos esperan que pronto llegue la esperada tableta, un aparato que Lin Bin reconoce que les interesa. "Fabriquemos lo que fabriquemos, serán productos que entusiasmen a los usuarios y que cuesten una fracción del equivalente de nuestros competidores", apunta el presidente.

La conquista exterior

A pesar de que ni siquiera es capaz de responder a la demanda de China, Xiaomi ya mira fuera de sus fronteras. Y quiere lanzar su invasión por todo lo alto. De ahí que haya dado una sonora campanada con el fichaje de Hugo Barra , antes vicepresidente de Google y responsable de Android, que en octubre se encargará de la internacionalización de la marca. No será fácil. Uno de los principales objetivos de Barra será desligar a Xiaomi de todos los aspectos negativos asociados con la etiqueta made in China .

"La imagen de marca será un reto en el extranjero como para cualquier otra empresa china", reconoce a EL PAÍS el presidente de la empresa, Lin Bin. "Pero creo que la transparencia y el hecho de que utilizamos los mejores componentes existentes es suficiente para que no tarde en funcionar el boca a boca. De hecho, nuestro nombre ya comienza a sonar". Medios como The Economist o The New York Times le han dedicado extensos reportajes, y no faltan quienes vaticinan que el nuevo iPhone 5C de Apple, que teóricamente iba a hacer las delicias de los chinos, se estrellará por culpa de la competencia que hace Xiaomi.

Pero lo más relevante es que la empresa refleja bien la nueva fase de desarrollo del país , esa en la que ya no vale copiar y fabricar con mala calidad. "Estamos innovando, y no podemos olvidar que aquí también producen las grandes multinacionales de esta industria. Pero llevará tiempo eliminar la percepción de mala calidad, que en algunos casos es bien merecida", reconoce Lin. Eso sí, para ese momento Xiaomi quiere estar en el primer puesto de la parrilla de salida.

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